Mientras intentaba superar la sorpresa y disimular el frenesí que producía su mirada, ella se me adelanto:
-Hola, ¿Perdona, me podrías decir la hora?
No se como entre los nervios y mis manos sudorosas logré sacar el móvil del bolsillo y decirle que ya eran las 10 pasadas.
Fue entonces cuando vi por primera vez su sonrisa, aunque solo fue medio segundo, pues se fue con prisa agarrando fuerte los apuntes. Supuse que tendría un examen o alguna prueba, así que lo único que pude hacer fue echarme en el bordillo y ponerme a mirar como pasaba el tiempo mientras recordaba esa sonrisa armoniosa.
Esa misma noche para celebrar el suspenso de esa mañana me invitaron a una de estas fiestas en las que el ruido y los bombos hacen que te olvides de todo y solo pienses en beber y saltar. Pero quien me diría que esa noche haría otra cosa que marcaría todo mi verano.
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